Seguramente ya sabes que revisar el celular o distraerte con pendientes menores antes de sentarte a trabajar en algo que requiere toda tu atención (lo que en productividad se conoce como “trabajo profundo”) te hace mucho más difícil enfocarte y entrar en ese estado de flujo donde todo fluye naturalmente. Sin embargo, el blog Becoming Better plantea una idea interesante: no todas esas distracciones, o “aguas poco profundas” como las llama el autor, pesan lo mismo sobre tu capacidad de concentración.
La reflexión parte de que el autor ha escrito antes sobre este tema, pero ahora se da cuenta de que hay una jerarquía entre los distintos tipos de distracciones. Algunas apenas rozan tu atención y te permiten recuperar el enfoque con relativa facilidad, mientras que otras dejan una especie de resaca mental que arrastras durante horas, saboteando cualquier intento de trabajo serio.
Esta distinción importa porque muchas veces creemos que cualquier pausa o actividad ligera antes de ponernos a trabajar es igual de inofensiva, cuando en realidad algunas de estas “pausas” pueden ser las verdaderas culpables de por qué no logramos concentrarnos como quisiéramos. Identificar cuáles son esas distracciones más dañinas podría ser clave para proteger mejor nuestro tiempo de enfoque.
Si quieres conocer a detalle qué tipos de distracciones son las más peligrosas según este análisis, te recomendamos leer la nota original completa en Becoming Better.
Fuente: Not All “Shallows” Are Created Equal (Becoming Better).
Imagen: Rawpixel Ltd, BY 2.0 (vía Openverse).
