¿Cuántas veces has escuchado que alguien es ‘voltea-casacas’ o inconsistente solo porque cambió de opinión? Esta crítica se usa muchísimo contra los políticos, sobre todo en Estados Unidos, donde existe el término en inglés ‘flip-flopper’ para señalar a quien ajusta su postura según le convenga en el momento, no porque realmente haya reflexionado algo nuevo.
El sitio Becoming Better plantea una pregunta que vale la pena hacerse: ¿en verdad está mal cambiar de parecer? La respuesta, dicen, no es tan sencilla y depende completamente de la razón detrás del cambio. No es lo mismo modificar tu postura porque te conviene políticamente o socialmente, que hacerlo porque analizaste nueva información, escuchaste otros argumentos o simplemente maduraste en tu forma de pensar.
El problema no es cambiar de opinión en sí, sino hacerlo sin honestidad, solo por quedar bien o evitar conflictos. En cambio, reconocer que estabas equivocado o que ahora ves las cosas distinto, después de un proceso genuino de reflexión, debería verse como una fortaleza y no como una debilidad.
Vivimos en una cultura que a veces premia la terquedad y castiga la apertura mental, cuando en realidad deberíamos cuestionarnos más seguido si lo que pensamos sigue teniendo sentido. Te invitamos a leer la nota original para profundizar en esta reflexión tan necesaria hoy en día.
Fuente: Can You Change Your Mind? (Becoming Better).
Imagen: Tim Isaksson.
